La lista del dolor

07 de junio de 1968 – 16 de marzo de 2010

El siete de junio de mil novecientos sesenta y ocho la banda terrorista E.T.A. asesinó a su primera víctima, José Pardines Arcay, natural de Malpica de Bergantiños y de profesión Guardia Civil. Ese día E.T.A. comenzó a escribir una macabra lista que, sólo el sinsentido y la sinrazón, ha prolongado hasta el número ochocientos veintinueve cuando el dieciséis de marzo de dos mil diez asesinaron al Gendarme francés Jean Serge Nerín.

Trasladándonos a la actualidad, el pasado día veinte de octubre la banda terrorista anunció el cese de la actividad armada. Desde ese día han corrido ríos de tinta sobre las consecuencias de ese cese, de las pretensiones ocultas de la banda, de si será la definitiva, etc… Mucho se ha escrito sobre la banda terrorista desde ese día y mucho se ha escrito también sobre los más de ochocientos integrantes de la lista macabra de asesinados a manos de los terroristas, pero, y de los integrantes de esa otra lista, la lista del dolor. Esta lista está formada por los cónyuges, hijos, padres, hermanos y amigos de los asesinados.

Esta lista también comenzó el siete de junio del sesenta y ocho y terminó, esperemos que así sea, el dieciséis de marzo del dos mil diez. No cabe duda de que los que más han perdido han sido los asesinados a manos de estos monstruos, han perdido lo más valioso que tiene un ser humano, han perdido su vida, pero los que quedaron en este mundo también han perdido parte de su vida.

No puedo imaginarme el dolor de perder a un ser querido y que esa pérdida sea en vano, que sea producto del fanatismo exacerbado, de la sin razón, del matar por matar. No puedo llegar a imaginar lo que se tiene que sentir muriendo en vida.

Haciendo un ejercicio de empatía intento saber qué les pasaría por sus cabezas el pasado veinte de octubre. Algunas de las preguntas que a mí se me pasarían serían ¿será verdad?, ¿porqué ahora?, ¿porqué no antes?, ¿porqué tuvo que empezar?, ¿a cambio de qué? …

Esta “derrota” del terrorismo, la barbarie y la sinrazón, es de todos y cada uno de los demócratas que hemos creído en el sistema, pero en un lugar privilegiado y preferente deben estar ellos, todos y cada uno de los integrantes de la lista del dolor.

Sirvan estas líneas como homenaje y reconocimiento a todos y cada uno de los inscritos en la lista del dolor por su ejemplo de valor, fortaleza y saber estar durante todos estos años, por no haber dejado de luchar día a día contra esta sinrazón a pesar del odio y el rencor que llevan dentro, por haber sido los primeros que le han plantado cara al monstruo del terrorismo, y para que, si de verdad está es la definitiva, nunca nos olvidemos de ellos.